LOS CIGARRILLOS QUE FUMÁBAMOS EN LOS AÑOS 70
Muchos de nosotros y
nosotras, recordaremos nuestras primeras bocanadas de humo de uno de esos cigarrillos que
comprábamos sueltos en el kiosco o se lo quitábamos hábilmente a nuestros padres. Las
marcas eran muy variadas Sombra, Rex, Boncalo, Lola, Rumbo, Un -X- 2, Coronas, Celtas y
los famosos mentolados Piper y Rocío. Cuando la economía iba viento en popa, hacíamos
una excepción y comprábamos Winston.
Los encendedores que utilizábamos eran el Flaminaire de nuestro padre o hermano mayor,
en el peor de los casos las clásicas cerillas con dibujos de mariposas, toreros o
animales salvajes.
Eran tiempos de discotecas o fiestas en casa de algún amigo; pasando las tardes del
domingo bailando temas de Sandro Giacobe, Los Puntos, Los Diablos, Danny Daniel, Claudio Baglion, Lorenzo Santamaría, María Ostiz y tantos otros
mientras apurábamos los últimos cigarrillos del paquete de fin de semana, no podíamos
llevar a casa ni olor a tabaco y mucho menos el paquete escondido: era peligroso. Para
evitar ese olor utilizábamos los chicles o Halazon, un pequeño spray con sabor a menta.
Eran tiempos de cortos noviazgos y besos robados. Nuestras primeras experiencias de
pareja, muchas veces fueron acompañadas de un cigarro. Después de unos besos, sacábamos
la cajetilla y encendíamos un cigarro, era como una demostración de madurez... una
madurez a los 15 años.
Después la chica que tenías a tu lado, te hacía la pregunta habitual: ¿Tú, te tragas
el humo?, y uno que no quería parecer un pardillo hacía alarde de ser un buen fumador,
dando una buena calada al cigarro y provocando en muchas ocasiones unos grades lagrimones
acopañados de toses y atragantamientos.
Fueron años de juventud, tabaco negro, inexperiencia y sobre todo de muchas ganas de
vivir.
|
|