XYLOMATIC
La casa juguetera Congost, lanzó al mercado uno de los más populares entre los juguetes
de los años 70. Como su propio nombre indica, se trata de un xilófono automático. Su
mecanismo estaba basado en el principio del organillo, es decir, un rodillo accionado a
manivela cuyas protuberancias estratégicamente ordenadas pulsan las teclas -placas de
xilófono en este caso- produciendo variadas tonadas. Las protuberancias en cuestión eran
de alegres colores y móviles lo que permitía que, dependiendo de su colocación, se
obtuvieran diferentes piezas musicales. Un libreto con partituras cifradas por medio de
colores permitía al usuario del prodigioso instrumento la interpretación de clásicos de
la música infantil como "En la granja de mi tío", "Chity Chity Bang
Bang", o "Vamos a contar mentiras".
Este aparato fue el antecesor directo de los Casiotones y demás artilugios tecnológicos
que permitían mediante microchips la grabación y reproducción de melodías.
|
|